Desde que he creado productos digitales, siempre aspiré a encontrar la forma en que grandes empresas desarrollan producto, innovan básicamente. En ese camino turbio, equiparable a cualquier viaje de Odiseo de regreso a Ítaca, descubrí, cual One piece, que no existe el secreto o la receta (mejor dicho), que estos grandes equipos sigan. Por lo contrario, innovar para ellos resultaba complejo y casi imposible.
Al mismo tiempo que crecía, algunos proyecto (por suerte o no) fallaron. Ver el error desde la concepción de una buena idea, hasta las repercusiones finales, supuso en mi una experiencia valiosa que me abrió al mundo del desarrollo real (lo que eso pudiera significar) de construir producto. Porque crear producto no se mide con indicadores científicos; porque crear producto requiere de una mente abierta al cambio, al fracaso, a la empatía, a la búsqueda de nuevas formas de construir el mismo producto. Porque crear (no solo producto), requiere tiempo, sudor y esfuerzo; y menos que pocas personas en el mundo tienen la capacidad de llegar a eso, al límite de la innovación.
