El propósito

Tengo en mente el propósito, una especie de meta, pero no tengo idea del camino. Y espero que no se mal entienda, ni se pervierta lo que quiero hacer. El objetivo de escribir una historia es al final compartir la idea de algo. Como escritor frustrado (al menos ahora), creo que las ideas son un tanto complicadas de ordenar. Existen personas que comprenden a priori la complejidad de una idea que se presenta in-extremis. Sin embargo no es la norma, ni siquiera la media, que las personas comprendan tan profundamente una idea que puede salir de su mente. ¿Quién no a tenido una pregunta compleja de responder y, al mismo tiempo, tan sencilla de hacerse? Yo abogaría sin menos pruebas que el contacto humano limitado que cualquiera pudiera tener, que es la norma tener dudas. ¿Cuál es mi propósito en la vida? (por ejemplo) o ¿Por qué me pasan a mi estas cosas? En cierto sentido esas cuestiones abordan tópicos complejos. ¿Qué es el propósito? ¿Qué definimos como propósito? ¿Es requerido un propósito? Cuestiones que si abordamos con cautela y raciocinio nos lleva a una prisión semántica absurda, pero que si la perseguimos en una historia podríamos comenzar a entender los claroscuros de cualquier interrogante.

Ahora, tener esa idea en mente no te hace en absoluto una persona con capacidades sobre-humanas, son simples cuestiones humanas que la misma conciencia se hace de la existencia. Pero construir un artifice donde comiences a incorporar elementos para comprender esas cuestiones complejas, y que en el camino logres hilar definiciones e incluso acometer nuevas interrogantes que quizá podrían existir pero sin mayor pena que el aislamiento narrativo (si de alguna forma se puede llamar al subconjunto de cuestiones humanas de esa forma), es un hito, no sobre-humano, no, pero sí intra-humano. Y en ese borde, en el límite de lo intra-humano y lo humano (por decirlo de alguna forma) existe este energúmeno que se cree capaz de entender, comprender e hilar conceptos y vaya que el ego dionisiaco resulta útil para decirse capaz de navegar turbulentas mareas que pocos seres humanos han aceptado. El “llamado” osaría decir Campbell ocurre en este punto. Donde por primera vez te arrebatas; y obstinado y demente elucubras una misión casi kamikaze para decirte que eres capaz de entender una cuestión humana y ahí el camino resulta casi difícil de entretejer, acaso como Dédalo e Ícaro en el laberinto de Creta.

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